Este artículo nace de un comentario de la escritora, periodista y guionista Jimina Sabadú sobre la carrera de Comunicación Audiovisual y su opinión de que no la escojas porque el planteamiento es una pérdida de tiempo si no quieres trabajar en un despacho.
Hablo desde la experiencia de haber cursado la carrera, pero en una universidad privada y conocer de primera mano lo que estos estudios ofrecen y sus limitaciones aunque, la mía sí habían prácticas, se potenciaba la radio y la televisión, también se tocaban las cámaras, pero ahí yo me dí cuenta que la parte técnica no me gusta. A pesar de todo valoro esta etapa y el esfuerzo de tener que trabajar y estudiar para pagarla y el aprendizaje sobre todo después de dejar otra carrera en el primer trimestre, yo que nunca he tenido problemas para estudiar, porque no me veía en un futuro trabajando en el sector del turismo.
No sé muy bien a quién va dirigida esta opinión de Sabadú porque si se dice a jóvenes que acaban de terminar la secundaria, que no saben qué hacer con su vida y que les cuesta entrar en el mercado laboral, con las complicaciones añadidas de cómo ven el trabajo hoy, donde su prioridad es la salud, la conciliación y el tiempo libre frente al éxito y desarrollo en un marco de precariedad, no tiene sentido. Con el paso de los años te das cuenta de la importancia de la educación, y lo vemos ahora con los jóvenes incluso en los vídeos que salen en las redes sociales y la falta de cultura general, escritura y la corriente actual de manipulación con el discurso de «se vivía mejor antes con Franco». Si miramos al mundo en esta concepción global podemos ver cómo funcionan los regímenes autoritarios que buscan que el pueblo se comporte como ovejas donde impera el miedo. El ser humano solo aprende mediante el error, y tenemos un problema de memoria. Es llamativo el trabajo que se hizo en el pasado para el fomento de la alfabetización porque el grueso de la población no sabía ni leer ni escribir, hoy parece que se busca justamente lo contrario a pesar de un acceso ilimitado a la información en un solo click.
Si la queja es un grito entre los adultos de ahora, es fundamental conocer el contexto social que nada tiene que ver con la realidad actual. Lanzar un discurso para evitar cursar la carrera de Comunicación Audiovisual sin exponer y analizar la realidad, el contexto y las diferencias de un sector donde todavía el epicentro de todo está en Madrid o Barcelona, me parece muy desafortunado porque no todos pueden estudiar en estas ciudades por recursos, y las escuelas que existen tienen un tope de alumnos. Absurdo. Debemos ser conscientes de la realidad educativa vinculada al aprendizaje audiovisual y sus problemas.

El mapa de la formación: Datos frente a opiniones
Los referentes de escuelas de cine son Madrid (ECAM, 1994) y Barcelona (ESCAC, 1993), ambas de titularidad privada. Poco a poco han surgido otras con menos relevancia.
La carrera de Comunicación Audiovisual nace en 1991 como complemento a las de Ciencias de la Información (Periodismo, 1971). Si tenemos presente el contexto social de la época, entre 1983 y 1989 nacen las cadenas autonómicas y, poco después, las privadas Antena 3 y Telecinco en los 90. En este contexto se necesitaba formación, recuerdo que cuando estudiaba me dijeron que no nos faltaría trabajo sobre todo en televisión. y así, poco a poco, la carrera se fue incorporando a las distintas comunidades autónomas. Ahora mismo está en 15 de las 17; falta La Rioja y Cantabria, además de Ceuta y Melilla.
En este contexto muchos padres pedían a sus hijos hacer una carrera (muchos decían «hazte abogado»), hoy, con los problemas laborales el contexto ha cambiado y se potencia la formación profesional (FP). Imagen y Sonido se desarrolló en los 70 y 80, pero estaba ligada a la electricidad; no fue hasta los 90, con la LOGSE, cuando se crearon los ciclos medio y superior de realización, producción y sonido que han evolucionado hasta hoy incorporando perfiles como el de Video Disc-Jockey. Fue en los primeros años del 2000 cuando este FP se pudo estudiar en todo el territorio y comienza la regulación de las enseñanzas artísticas como una titulación superior, que, a diferencia de la Universidad (que se imparte en facultades) o la FP (que se imparte en Institutos), estas se estudian en Escuelas Superiores públicas o privadas. Para entrar en las Públicas, además de la nota (Selectividad/EBAU no siempre es necesaria si tienes el título de Bachiller), hay que realizar una Prueba Específica de Acceso. En esta prueba el alumno tiene que demostrar que ya tiene aptitudes artísticas (dibujo, creatividad, análisis visual). No es solo «matricularse», es «demostrar talento» como por ejemplo: Escuelas de Arte y Superiores de Diseño (EASD), RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático) o ESAD en Sevilla, Málaga o Galicia. En el caso del mundo de los Videojuegos o la Animación requieren una inversión tecnológica enorme, muchas de las opciones actuales son privadas pero expiden títulos oficiales de Grado en Enseñanzas Artísticas. En 2012 nace en el País Vasco la EIA: Escuela de Cine del País Vasco, una cooperativa sin ánimo de lucro dedicada a la formación práctica de cineastas que opera como una institución activa en la industria cinematográfica con profesorado profesional, así que poco a poco comienzan a salir nuevas opciones para potenciar la descentralización en la formación cinematográfica.

El problema de los recursos y la edad
La formación pública debe luchar con la falta de recursos, un desembolso importante en el caso de la FP cuando los avances de la tecnología son cada vez más rápidos y las herramientas se quedan obsoletas. Otro problema es el de los docentes: se busca que sean profesionales en activo. Sin embargo, en muchos casos puedes ser un buen profesional pero un mal docente (y viceversa), y no todos tienen tiempo para formar.
La educación obligatoria es hasta los 16 años. Después puedes optar por el FP de Imagen y Sonido o, a los 18, por la carrera. Son 4 o 5 años de tu vida. Las carreras, en general, son un repositorio de todo; depende de cada persona sacarle partido, y después es necesario especializarse y adquirir el oficio con un máster o con el trabajo. A esa edad, ¿cuántos jóvenes tienen claro su futuro? Cada persona es un mundo y, desde luego, las experiencias y la formación nunca son malas.
El mito de «ser director»: Salidas reales y el problema del corto
Si lees las salidas profesionales de la carrera, no pone que vas a ser director/a de cine, aunque un porcentaje importante lo crea. La carrera te da una base, un conocimiento del lenguaje, y la teoría es relevante, pero falta la técnica, que se adquiere con la práctica.
Un director/a no sale solo de la carrera: tiene la obligación de saber comunicarse con los diferentes departamentos para crear la obra. Es un oficio. Ahora, quizás sea más fácil subir escalones por la democratización tecnológica y el cambio de analógico a digital pero no eres director/a con 25 años por mucho título que te quieras poner.
El corto juega un papel fundamental, pero está fuera de la Ley del Cine; no se respetan convenios y se permite trabajar «gratis». Esto se puede entender con 20 años, pero es un planteamiento insostenible. He visto en Madrid que parece que está «bien visto» no cobrar por ayudar cuando trabajas en un corto, «un favor», pero es absurdo y una irresponsabilidad para la profesión. A veces se pagan unos mínimos que son distintos según el departamento, aquí entran en juego las ayudas a producción de cortometrajes que marcan unas obligaciones pero al menos se debería de seguir el convenio laboral si no se sigue el convenio mínimo de producción de obra de bajo presupuesto.
Otro problema es la búsqueda de fondos a través del crowdfunding: veo proyectos que piden 3.000€ sin tener en cuenta las necesidades reales de producción. No pueden estar más perdidos. Muchos habrán tenido formación, pero es urgente dar a conocer las obligaciones legales que conlleva también un cortometraje. EGEDA tiene una plataforma que lo fomenta, pero no ofrece pautas de mínimos, cuando lo fácil sería crear un dossier con pilares sólidos y vídeos explicativos. Sin comentarios.
Pero claro, difícilmente habrá rigor si quienes deben dar ejemplo, el ICAA, comentan —me lo han dicho personalmente— que un corto «se hace entre amigos». Resulta una tomadura de pelo que se use ese argumento cuando hablamos de dinero público y se otorgan ayudas de hasta 70.000€ (Ayudas a la Producción de Cortometrajes 2025). Es una contradicción flagrante: se subvenciona con grandes sumas un formato que es casi imposible de amortizar y que carece de un interés masivo del público. Hay muchos festivales, sí, pero analicemos su estructura y funcionamiento real. Ya lo hemos hablado. Así nos va. En cualquier caso, si quieres formar parte de este sector tienes que conocer las reglas de juego o te quedas fuera. No es fácil y la comunicación a veces es demasiado opaca.

¿Operas primas o precariedad?
En el pasado estaba el discurso de lo relevante es la obra, hoy con una producción calificada en el ICAA este 2025 de 549 cortos y 342 largometrajes y son más los que se harán fuera de los principios básicos, la realidad es muy absurda cuando se mantiene la crítica general al sector, la precariedad y la falta de espectadores que se ve cuando a final de año se publica el listado de las películas más vistas. No sé si pasará como con el boom de la vivienda de hace unos años, pero si pasa, y es como la actualidad que el acceso a la vivienda no es accesible para la mayoría a pesar de que es un recurso prioritario que está en la Constitución, veremos. Lo que está claro es que no tiene sentido tanta producción si después no tiene salida.
Una obra audiovisual es un trabajo en equipo reducirlo a la figura del director/a me parece muy molesto. Con motivo de las nominaciones de esta 40 Edición de los Premios Goya, Kinótico lanzó una serie de podcast donde habló entre otros con los directores/as nominados este año y guionistas que en muchos casos también eran los directores/as. Expusieron varias cuestiones relevantes sobre todo como priorizan su obra frente a su sueldo cuando son trabajos de autor y además de directores/as son guionistas, las nuevas obligaciones no pagadas cuando comienza la distribución de la obra con la asistencia a festivales o las sesiones de coloquios tras la proyección de la película en salas. Obligaciones que no están pagadas que se realizan durante X meses.
Este mes leía el titular en el diario Público: “Casi la mitad de los directores de cine europeo solo ha estrenado una película en los últimos diez años”, según el nuevo informe del Observatorio Audiovisual Europeo revela la precariedad del cine en Europa y que explica el elevado número de óperas primas y la gran presencia del cine de autor. Pensemos en España cuantos directores/as que llevan a las salas al espectador, pensemos en su edad.
Ahora tenemos que mencionar al director/a «emergente o novel» es decir que no ha dirigido o codirigido/calificado más de 2 largometrajes, hay que hablar del contexto de las Ayudas Selectivas (Obras de un presupuesto máximo de 1.500.000€ y una ayuda máxima de 800.000€). Hay un % de ayudas dirigidas a directores/a noveles, creo que esto se ha convertido en un medio para un fin, porque cuántas de esas películas que dado el presupuesto llegan al público, cuántos de estos directores/as tiene después una trayectoria de más de 2 películas. Esto da para un extenso debate como esta semana se ha lanzado con dos directores muy dispares como es Juanma Bajo Ulloa con su última película El Mal, sobre las ayudas públicas y el actor y director Daniel Guzmar y los premios de su última película La Deuda. En ambos casos es un hecho de que tenemos problemas.
Tengamos en cuenta el acceso a la dirección actual como refleja el artículo de Javier Villuendas bajo el marco de los Premios Goya titulado «Del veinteañero prodigio a debutar a los 40: el Premio Goya a dirección novel ya no es cosa de jóvenes« que narra perfectamente la realidad actual. Las mujeres han tenido que hacer un recorrido de oficio hasta poder dar el salto a la dirección como ha sido Alauda Ruiz de Azúa (Cinco Lobitos) con 40 años o Arantxa Echevarría (Carmen y Lola) con 50 que además tiene en su haber un importante número de cortometrajes al igual que Álvaro Gago, Pablo Barce o Javier Marco, tienen una larga trayectoria previa como montadores o otra excepción Dani Freixas y el éxito del cortometraje Paris 70 o Carlota Pereda con Cerdita.
Conclusión: El valor de la constancia
Estudiar creo que no es el problema, ya sea la carrera o la FP; el problema es la voluntad, la vocación y la constancia. Muchos no han estudiado nada vinculado al sector y trabajan en él; otros lo abandonan por desilusión, otros llegan con un proceso de autoaprendizaje. Trabajar en el sector audiovisual es un trabajo de pico y pala, una carrera de fondo donde no todos tenemos los mismos recursos ni obligaciones. Ahora se comienza a trabajar en el desarrollo de las enseñanzas artísticas, la ley fue aprobada en 2024 pero no es algo cerrado, será fantastico en el futuro, pero tenemos que tener presente la realidad de estudios anterior. A nivel general la Educación ha sufrido en España cambios regulativos por una cuestión política, una barrera imporante que afecta al alumnado, y todo esto unido, al valor actual que tiene el docente, pero eso ya es otro tema.
Aplaudamos que poco a poco se está logrando la descentralización, pero necesitamos crear estructuras sólidas de profesionales en las comunidades autónomas para que sus trabajadores no sean solo ayudantes o auxiliares. Mi apoyo al cine español es absoluto, pero no es ciego. Ser crítica es mi forma de respetarlo y de exigir que este sector sea, de verdad, una industria digna para todos y hablar con contexto del sector es fundamental porque sino como pasa siempre saltan los prejuicios que sufrimos.





