Premios Goya: Alfombra, industria y datos

el ruido de los Goya

Este fin de semana se ha celebrado en Barcelona la 40 edición de los Premios Goya y, un año más, el ruido mediático fundamental se ha centrado en la indumentaria de los asistentes, la presencia de influencers y, como novedad, los conflictos internacionales. Los artículos previos de medios muy concretos de nuevo se quejaban de las subvenciones vs. taquilla/recaudación. Dinero. Se omite que el cine es una industria que devuelve al Estado mucho más de lo que recibe. Por cada euro invertido en subvenciones, el sector genera un retorno vía impuestos (IVA de las entradas, IRPF de las nóminas, Seguridad Social) que multiplica esa cifra. No es un gasto, es una inversión en una industria que, además, es la cara de nuestra marca país en el exterior. Se cuestionan las ayudas al cine, pero se olvida que sectores como el automóvil, la agricultura o el turismo reciben inyecciones públicas constantes por ser estratégicos. El audiovisual también lo es: genera empleo real, atrae turismo y devuelve cada euro multiplicado en impuestos. El cine no es un gasto, es industria pura, aunque parece que nos cuesta comportarnos como tal. Pero vamos, lo podemos contar pero se queda en saco roto, porque la crítica es más fácil, que ver o analizar las cosas.

Se olvida exponer el número de personas que trabaja en este sector como expone en el artículo de El Confidencial de escrito por  Manuel Ríos San Martín, director, productor, guionista de cine y televisión. Un trabajo vocacional con sus particularidades que no tiene unos horarios fijos ni el grueso de los trabajadores tiene un contrato indefinido, hay precariedad y está presente la desigualdad (que sí ha estado en el discurso de muchas profesionales como la directora Alauda Ruiz de Azua, ganadora del Goya a Mejor Directora, 4ª mujer en ganar este premio), entre otros. Es la fiesta del cine y, quizás podamos parecer quejicas, pero no podemos olvidar la parte reivindicativa de los discursos, necesarios, buscando la empatía del espectador y romper con los prejuicios, aunque la mayoría de veces se desconozca a los profesionales que los dan. La diversidad viene de nuestras historias, aunque este año dos obras han copado muchos premios, algo que no me gusta. Se puntualiza cada año la queja para reducir el tiempo del discurso en la gala, pero creo que son relevantes si tienen un sentido. Este año cabe destacar discursos como el del bullying del corto de ficción, Ángulo Muerto; Álvaro Cervantes y Miriam Garlo, ganadores de Mejor Actor de Reparto y Actriz Protagonista de Sorda, hablando de la diversidad; o el discurso del Goya Internacional para Susan Sarandon y el aviso y discurso de la representante de la película latinoamericana, la argentina Belén.

Personalmente, prefiero ver la gala por la tele; ya tuve la experiencia una vez como nominada, pero no me siento nada cómoda en este tipo de eventos. Hablando de los premios anuales, quiero reivindicar el trabajo de las distintas academias que tienen muchas de las comunidades autónomas, que ayudan a dar visibilidad y potenciar la descentralización; además, son un lobby de cara a las votaciones para los Premios Goya. Nuestro cine no tiene nada que envidiar a otras industrias; por supuesto no podemos compararnos en presupuestos con el americano, y ni falta que hace, pero sí competimos con ellos en las salas por estar su cine doblado, algo que no sucede en ningún otro país.

Éxito de audiencia 40 Edición Premios Goya. Imagen creada con IA

Vayamos a los datos. Si buscas en el catálogo del ICAA las obras calificadas de cortometraje, aparecen en 2025 un total de 549 resultados; si lo hacemos en 2024, fueron un total de 741 títulos. De todo esto, en total pasan la criba para los premios Goya un total de 60 títulos entre ficción, animación y documental (y algunos más cuando nos metemos en los Forqué). Existen los premios Fugaz pero, para mí, ha dejado de tener sentido la convivencia de títulos si no cumplen las pautas mínimas de toda producción cinematográfica. Ya hemos hablado en artículos anteriores sobre el corto. Es interesante que en todos los cortos premiados de este año se ha visto que sus responsables no eran jóvenes, sino todo lo contrario; así que queda patente que el usar el recurso del corto como modo de aprendizaje es un discurso que ya no tiene sentido y que, desde luego, el corto es un cajón fuera de la industria.

Si nos centramos en las películas, según datos de la Academia de Cine cuyas bases marcan la participación en la 40 edición de los Premios Goya, en total se inscribieron 218 películas entre ficción, documental y animación; o lo que es lo mismo, fueron las obras que se estrenaron en salas de nuestro país entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2025 y, según sus bases, debían «haber permanecido en cartel un mínimo de 7 días de exhibición consecutiva en cualquier momento del año en la misma sala de exhibición, con taquilla abierta al público, excepto las películas documentales, cuyo plazo mínimo en cartel será de 3 días». Si consultamos el catálogo de obras calificadas del ICAA, la cifra sube a 342 películas.

Volvamos a las ayudas: en 2025 se seleccionaron 52 proyectos en las ayudas generales por un importe de 62 millones de euros; son las que tienen más fácil llegar a las salas y después a las televisiones o plataformas por su apoyo directo. De las ayudas selectivas en 2025 se beneficiaron 103 proyectos con 30 millones de euros. Aquí entran los tres géneros (ficción, animación y documental), el porcentaje de mujeres y hombres en dirección y obras especialmente culturales. Son las películas de autor, donde hoy los festivales juegan un papel relevante para llegar a salas y que tienen, a pesar de todo, dificultades.

Las películas se estrenan sobre todo en Madrid y en Barcelona, donde están el 33% de las salas de cine. En España hay muchos municipios que, a pesar de tener población, no tienen salas, y cada vez cuesta más movilizar al espectador; se logra con la «película experiencia» o la proyección con coloquio. La reducción del tiempo entre ventanas y la amplia variedad de plataformas, unido al cambio de paradigma por la pandemia, ha provocado cambios drásticos en los hábitos de consumo. Las películas de producción con plataformas tienen además otros tiempos, las salas no son relevantes y que pasen por ellas, es para poder optar a los premios del año, haciendo el mínimo que piden las bases de la Academia.

¿Dónde verás la película?

La oferta de estreno es brutal, sobre todo en diferentes momentos del año. En Madrid o Barcelona una película española de autor puede aguantar varias semanas en cartel; en ciudades medianas o pequeñas la rotación es tan alta que, si no es un blockbuster de Hollywood, la película desaparece en menos de 3 días. Así que la distribución debe ser parcelada y, muchas veces, es fundamental el apoyo de las comunidades autónomas con sus programas de fomento al cine local.

El futuro es impredecible; las salas son el mejor espacio para ver una película, pero muchos se decantan por las plataformas porque los tiempos de las ventanas se han roto o por el coste de la entrada. Falta educación y valoración de nuestro cine.

Imagen creada con IA

Como académica valenciana y espectadora, he hecho mi propio balance de lo que sí ha llegado a las pantallas este 2025 más allá de la alfombra roja. En el próximo artículo entraré en el detalle de las historias, los aciertos y mis «peros» en un año marcado por el 50 aniversario de la muerte de Franco o la amplia presencia de nominados valencianos.

Comparto de nuevo el podcast resumen de Pepa Blanes que toca, temas relevantes.

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¿Premios Goya: alfombra roja o el motor de una industria estratégica? Analizamos y aportamos datos tras una serie de artículos maliciosos y críticas a nuestro sector, donde trabajan multitud de profesionales y donde sigue presente la precariedad y la falta de diversidad.