Continuamos la entrevista con Míriam Rodríguez sobre los procesos de producción del largometraje Leo & Lou después de conocer una fase fundamental como es la preproducción.
PRODUCCIÓN
El director Carlos Solano se ha curtido en el mundo del cortometraje y la publicidad ¿Cuál fue la secuencia que más costo en sacar adelante a nivel técnico o artístico?
Sin duda, las secuencias rodadas en el mar fueron las más complejas de sacar adelante, tanto a nivel técnico como artístico. Requirieron una planificación muy precisa y una coordinación técnica especialmente exigente. Además, no tuvimos demasiada suerte con la climatología: en el mar, el viento es un elemento imprevisible y traicionero, lo que complicó considerablemente el rodaje.
Lamentablemente, perdimos un día completo de rodaje en el mar que no pudimos recuperar, lo que nos obligó a afrontar el resto del plan con una jornada menos para rodar todo lo previsto. Aun así, Carlos demostró una gran capacidad de adaptación y una notable maestría en la planificación, reorganizando el rodaje de tal manera que la película no se viera excesivamente perjudicada por este contratiempo.
Según aparece en la ficha de datos de la película, el rodaje fueron un total de 30 jornadas en Ferrol, Ares, Narón y Monfero ¿dónde fue más complicado rodar, cómo fue el proceso de acomodar al equipo?
Todo lo que implicaba mar o ría fue, sin duda, lo más complicado de rodar, ya que se trata de elementos de difícil previsión: la naturaleza fluye y, muchas veces, es el rodaje el que tiene que adaptarse a ella. Además, hubo jornadas en las que rodábamos en dos localizaciones distintas, lo que hacía especialmente delicados los desplazamientos entre sets. Ese ir y venir —montar, rodar, recoger, desplazarse y volver a montar— suponía una pérdida importante de tiempo y exigía una organización muy precisa.
El proceso de acomodar al equipo se apoyó en una planificación muy detallada y en una comunicación constante entre los distintos departamentos. Se intentó centralizar al máximo tanto los desplazamientos como el alojamiento, principalmente en la zona de Ferrolterra, para facilitar la operativa diaria y reducir tiempos muertos.
Gracias a la experiencia del equipo y a una actitud muy colaborativa por parte de todos, fue posible adaptarse a cada espacio sin que el ritmo del rodaje ni el bienestar del equipo se vieran comprometidos, manteniendo siempre un equilibrio entre las necesidades técnicas, artísticas y humanas del proyecto.
POSTPRODUCCIÓN
La película tiene una cuidada fotografía y una luz muy interesante ¿Cuánto duraron los procesos de postproducción de la película?
La fotografía de Borja López Díaz es absolutamente increíble. No se imaginan lo difícil que resulta rodar en Galicia, donde el cielo cambia cada cinco minutos. Puede estar todo cubierto y lloviendo, y diez minutos después aparecer un sol deslumbrante. Yo nunca había rodado allí y me quedé realmente alucinada; entre bromas los técnicos de allí decían que Galicia era experta en “cargarse la carrera de los directores de fotografía”.
Pero Borja hizo un trabajo espectacular. Además, contamos con un gaffer fabuloso llamado Juan Figueiras, juntos trabajaron en mantener la continuidad a nivel de luz en las escenas. Posteriormente, el material se trabajó en color de la mano de Lizzie Newsham, una colorista muy talentosa, que se dedicó a igualar cielos y mar con una maestría impresionante.
La fotografía de Leo & Lou no solo es visualmente deslumbrante, sino que también es narrativa: va de tonos apagados a tonos cálidos, de la oscuridad a la claridad, permitiéndonos hacer que el espectador viaje emocionalmente a través de la pantalla. Ese recorrido visual acompaña y potencia la historia de manera sutil pero poderosa.
Los procesos de postproducción se alargaron a lo largo de siete meses aproximadamente entre montaje, sonido, música y laboratorio.


La banda sonora corre a cargo de Iván Palomares y su banda sonora ya está disponible en Amazon, Apple Music y Spotify, es una banda sonora fundamentalmente instrumental con algunos temas que recrear música tradicional, ¿cómo fue el proceso de producción de la misma?
El proceso de creación de la banda sonora fue bastante complejo y eso que Iván Palomares y el director ya habían trabajado juntos anteriormente en Extraños en la carretera.
La principal dificultad era que la película transita de forma muy consciente por muchos géneros y emociones distintas, por lo que el equilibrio musical era extremadamente delicado. Desde el primer momento se trabajó con mucha precisión en cómo pasar de un lugar emocional a otro y en qué momentos concretos debían subrayarse —o no— las emociones de cada escena.
En ese camino fue clave encontrar una melodía que acompañara el viaje de los personajes, que transitara junto a ellos a lo largo de la película. Además, había una pieza muy concreta, la Marcha do Entrelazado de Allariz de Carlos Núñez, que aparecía al final del film y funcionaba como una brújula emocional hacia la que debía dirigirse el clímax. Era fundamental que la música original de Iván desembocara en ese momento de forma orgánica, y creo que lo hace de una manera muy potente. El resultado es una banda sonora delicada y muy reconocible, que no solo acompaña la narrativa y las emociones de los personajes, sino que refuerza el paisaje y la cultura gallega, aportando un tono familiar, cercano y profundamente emocional a la película.

Os dejamos el enlace a la banda sonora realizada por Iván Palomares que está nominada al Goya. Finalizamos el artículo con la distribución de la película una vez acabada.





